¿Gasta menos cocinar un mismo plato en el horno o hacerlo en la vitrocerámica? La pregunta parece sencilla, pero responderla mirando únicamente la potencia máxima de cada aparato llevaría fácilmente a una conclusión equivocada. En Domococina quiero comprobarlo de otra manera: midiendo cuánta energía necesita realmente cada método para llegar a un resultado comparable en mi propia cocina.
En casa utilizo una vitrocerámica Teka TB630 y un horno Teka HI435. Los dos comparten la misma línea eléctrica monitorizada por Home Assistant. Eso impide separar sus consumos cuando funcionan simultáneamente, pero también nos permite hacer una comparación bastante limpia si realizo dos pruebas independientes: una con el horno y la vitro completamente apagada, y otra con la vitro y el horno completamente apagado.
No quiero comparar dos potencias de catálogo
Una comparación basada simplemente en decir «el horno tiene tantos vatios y la vitro tantos» no me parece útil. La potencia instantánea explica cuánto está demandando un aparato en un momento determinado, pero no cuánto habrá consumido cuando termine de cocinar.
El horno puede consumir mucha potencia durante el precalentamiento y después conectar y desconectar sus resistencias para mantener la temperatura. La vitrocerámica también puede trabajar por ciclos según la zona y el nivel de potencia seleccionado.
Por eso lo que quiero comparar al final no son solamente los W que aparecen en un instante, sino principalmente:
- la energía total consumida en kWh;
- el tiempo total necesario;
- el coste eléctrico de cada método;
- y el resultado culinario obtenido.
Qué puedo medir realmente en mi instalación
Home Assistant recibe dos datos especialmente útiles de la línea eléctrica compartida por horno y vitrocerámica:
sensor.medidor_cuadro_general_power_b, que registra la potencia instantánea en W.sensor.medidor_cuadro_general_energy_b, que acumula la energía consumida en kWh.
No tengo un medidor independiente para cada aparato. Por eso, si horno y vitro funcionan a la vez, Home Assistant puede decirme cuánto consume el conjunto de la línea, pero no qué parte corresponde a cada uno.
Para esta comparación eso tiene solución: las dos pruebas se harán por separado. Durante la prueba del horno la vitrocerámica permanecerá completamente apagada. Durante la prueba de la vitro, el horno permanecerá completamente apagado.
La condición básica de la prueba es aislar cada aparato. Si durante una de las sesiones funciona también el otro, esa medición no servirá para comparar horno y vitro por separado y habrá que repetirla.
La parte difícil: conseguir que la comparación sea justa
No basta con cocinar cualquier cosa una vez en el horno y otra en la vitro. Para que la comparación tenga sentido necesito escoger una preparación que realmente pueda hacerse mediante los dos métodos buscando un resultado razonablemente equivalente.
Intentaré mantener iguales o lo más parecidas posible las condiciones que sí puedo controlar:
- el mismo alimento;
- la misma cantidad;
- un estado inicial comparable;
- ingredientes equivalentes;
- un punto final de cocción comparable;
- y recipientes adecuados a cada método sin introducir diferencias innecesarias.
No pretendo convertir mi cocina en un laboratorio. El horno y la vitro cocinan de manera diferente y precisamente parte del interés consiste en observar esas diferencias. Lo importante es evitar una comparación claramente desequilibrada.
Qué anotaré en la prueba del horno
En la sesión realizada con el Teka HI435 anotaré como mínimo:
- cantidad y estado inicial del alimento;
- temperatura seleccionada;
- modo de cocción utilizado;
- si existe precalentamiento y cuánto dura;
- hora de inicio;
- lectura inicial de energía;
- tiempo de cocción;
- hora de finalización;
- lectura final de energía;
- kWh consumidos;
- y resultado obtenido.
El precalentamiento contará dentro del consumo del método si es necesario para preparar correctamente el plato. Excluirlo daría una imagen incompleta del coste real de cocinar con el horno.
Qué anotaré en la prueba de la vitrocerámica
En la sesión con la Teka TB630 registraré igualmente:
- la misma cantidad de alimento;
- recipiente utilizado;
- zona de la vitrocerámica;
- niveles de potencia empleados del 0 al 9;
- cambios de potencia durante la preparación;
- hora de inicio y final;
- lectura inicial y final de energía;
- kWh consumidos;
- tiempo total;
- y resultado culinario.
Aquí también tendré en cuenta el calor residual. Apagar la vitrocerámica no significa necesariamente que la preparación deje de recibir calor en ese mismo instante, así que además del consumo eléctrico me interesa documentar cómo termina realmente la cocción.
Los kWh serán más importantes que el pico de vatios
Durante las dos pruebas también podré observar la curva de potencia con sensor.medidor_cuadro_general_power_b. Será interesante ver el precalentamiento del horno, los ciclos del termostato o cómo regula la vitrocerámica.
Pero la cifra principal para comparar el gasto será la diferencia entre la lectura inicial y final de sensor.medidor_cuadro_general_energy_b. Esa diferencia nos dará los kWh utilizados durante cada sesión.
Después, utilizando el precio variable de la electricidad vigente en el momento de la prueba, podré convertir esos kWh en un coste aproximado en euros.
El método más barato no será automáticamente el mejor
Aunque uno de los dos métodos termine consumiendo menos electricidad, no voy a convertir automáticamente ese resultado en «este método es mejor».
También quiero comparar:
- tiempo total;
- tiempo que exige estar pendiente de la preparación;
- textura;
- jugosidad;
- uniformidad de la cocción;
- comodidad;
- capacidad para preparar varias raciones;
- y resultado final en el plato.
Una diferencia energética pequeña podría ser irrelevante si uno de los métodos da un resultado mucho mejor o permite cocinar una cantidad considerablemente mayor de una sola vez.
También puede ocurrir lo contrario: para una cantidad pequeña, calentar todo el horno quizá no compense frente a utilizar una sola zona de la vitrocerámica. Eso es precisamente lo que quiero medir en lugar de darlo por supuesto.
Todavía no hay un ganador porque todavía no hemos hecho la prueba
Home Assistant ya tiene históricos reales de la línea Vitro – Horno, pero esos registros no permiten reconstruir con suficiente seguridad dos preparaciones equivalentes realizadas una con cada método. Por eso no voy a utilizar consumos antiguos para fabricar una comparación que nunca se hizo de forma controlada.
Este artículo establece el protocolo. El siguiente paso será elegir un plato adecuado, preparar la misma cantidad mediante ambos métodos en dos sesiones independientes y registrar los datos desde el principio.
Cuando la prueba esté hecha, aquí aparecerán los resultados reales: tiempo, kWh, coste y diferencias en el plato. Hasta entonces, cualquier conclusión sobre cuál gasta menos en mi cocina sería simplemente una suposición.
Esto también es Domococina
Lo que me interesa de esta prueba no es demostrar que el horno sea mejor que la vitrocerámica ni al revés. Quiero utilizar los datos que ya genera mi casa para responder una pregunta cotidiana con mediciones reales.
Ese es el enfoque de la Domococina: combinar cocina y tecnología cuando la tecnología puede aportar información útil, pero sin hacerle decir a los sensores algo que realmente no saben.
